sábado, 15 de noviembre de 2025

Reisman vs. Keynes: La Demolición Epistémica que la Academia Preferiria Ignorar

Reisman vs. Keynes: La Demolición Epistémica que la Academia Preferiría Ignorar


Existe una curiosa asimetría en el debate económico contemporáneo. Cuando un monetarista critica a Keynes, la academia lo escucha con respeto profesional. Cuando un austriaco señala las distorsiones del intervencionismo, se le concede al menos un espacio marginal en el diálogo. Pero cuando George Reisman critica al keynesianismo, el silencio es ensordecedor.

¿Por qué? Porque Reisman no juega el juego académico de las refutaciones técnicas parciales. Él ejecuta algo mucho más peligroso: una demolición epistémica total que cuestiona los fundamentos conceptuales mismos desde los cuales se construye el edificio keynesiano.

I. La Falacia de la Demanda Agregada: Confundir el Mapa con el Territorio

Comencemos por el concepto estrella del keynesianismo: la "demanda agregada". Para Keynes y sus herederos, esta magnitud —la suma de todo el gasto en una economía— determina el nivel de producción y empleo. Si la demanda agregada cae, la economía colapsa. Solución: el gobierno debe "estimular" la demanda mediante gasto deficitario.

Reisman identifica aquí un error categorial fundamental: confundir gasto monetario con demanda real de bienes.

Piénsalo así. Imagina que mañana el banco central duplica la cantidad de dinero en circulación y lo distribuye uniformemente. El "gasto agregado" nominal se duplicaría. ¿Hemos duplicado la riqueza real? ¿Hay ahora el doble de alimentos, viviendas, computadoras, servicios médicos? Por supuesto que no.

Lo que Keynes llama "demanda agregada" es, en realidad, una medida del flujo monetario, no del poder adquisitivo real ni de la capacidad productiva. Cuando el gobierno "estimula la demanda" mediante expansión monetaria o gasto deficitario, lo único que garantiza es inflación de precios, no prosperidad genuina.

La demanda real de bienes no surge de tener más papel moneda, sino de haber producido otros bienes que puedes intercambiar. Como dijo brillantemente Say (y Reisman rescata): la producción crea su propia demanda. Para demandar pan, primero debes ofrecer zapatos, software, servicios de consultoría, o cualquier otra cosa de valor.

Keynes invirtió esta causalidad. Para él, el consumo es primario y la producción lo sigue pasivamente. Esta inversión no es un "enfoque alternativo legítimo" —es un error lógico fundamental equivalente a afirmar que el efecto precede a la causa.

II. El Multiplicador Keynesiano: Magia Contable y Recursos Fantasma

Ahora llegamos al famoso "multiplicador fiscal": la idea de que cada peso gastado por el gobierno genera más de un peso de actividad económica. Si el multiplicador es 1.5, entonces 100 millones invertidos en obra pública generan 150 millones en PIB. ¡Alquimia fiscal!

Reisman disecciona este fraude intelectual con precisión quirúrgica.

El truco contable: El multiplicador keynesiano comete doble contabilización. Cuenta el gasto gubernamental como "nuevo" ingreso en la economía, pero no resta los recursos que el gobierno extrae del sector privado para financiar ese gasto.

Supongamos que el gobierno construye un puente con 100 millones. Esos 100 millones se pagan a trabajadores y proveedores, quienes los gastan en consumo, generando más actividad. Pero espera: ¿de dónde salieron esos 100 millones iniciales?

Tres opciones:

  1. Impuestos: Extraídos del sector privado, que ahora tiene 100 millones menos para invertir o consumir
  2. Deuda: Prestados de ahorradores, desplazando inversión privada que habría generado capital productivo
  3. Impresión monetaria: Diluyendo el poder adquisitivo de todos los tenedores de dinero (impuesto inflacionario)

En cada caso, no hay creación neta de recursos. Hay redistribución coercitiva desde usos determinados voluntariamente hacia usos determinados políticamente.

El keynesiano responde: "¡Pero sin el gasto gubernamental, esos recursos habrían permanecido ociosos!" Aquí Reisman contraataca: ¿Por qué permanecerían ociosos? Si hay oportunidades rentables de inversión, el sector privado las aprovechará. Si no las hay, es porque no conviene usarlos todavía —quizás porque la estructura de precios relativos señala que se requiere más ahorro acumulado primero.

Forzar el uso de recursos "ociosos" mediante estímulo gubernamental no crea prosperidad; crea malinversión: puentes a ninguna parte, viviendas sin demanda real, proyectos de energía "verde" que requieren subsidios perpetuos para sobrevivir.

No hay multiplicación. Hay mala asignación.

III. La Destrucción del Ahorro: Keynes contra la Causalidad Económica

Llegamos al pecado original del keynesianismo: su tratamiento del ahorro como "fuga" problemática del flujo circular que debe ser compensada con gasto gubernamental.

Para Keynes, el ahorro es casi patológico —especialmente durante recesiones, cuando la "paradoja del ahorro" sugiere que el intento generalizado de ahorrar más empeora la contracción económica al reducir el consumo agregado.

Reisman expone esta visión como inversión total de la causalidad económica.

El ahorro no es una "fuga" del flujo circular. Es el origen mismo de la inversión productiva. Veamos la cadena causal correcta:

Ahorro → Inversión → Formación de capital → Aumento de productividad → Salarios reales más altos → Mayor consumo sostenible

Cada eslabón es necesario. No puedes saltar del consumo presente al consumo futuro aumentado sin pasar por la acumulación de capital. Y no puedes acumular capital sin ahorro previo.

Cuando Keynes celebra el consumo y desprecia el ahorro, está celebrando el efecto y despreciando la causa. Es como un médico que recomienda fiebre para curar infecciones porque observó que pacientes recuperándose a veces tienen fiebre alta.

La falacia se vuelve evidente con un ejemplo simple. Imagina una economía de Robinson Crusoe. Robinson trabaja recolectando cocos manualmente —digamos 10 al día, justo lo necesario para sobrevivir. ¿Cómo puede mejorar su situación?

Solo mediante ahorro e inversión: Robinson debe consumir menos de 10 cocos durante varios días (ahorro), usando ese tiempo liberado para construir una vara larga que le permita derribar más cocos (inversión en capital). Una vez completada la vara, quizás recolecta 20 cocos diarios con el mismo esfuerzo. Ahora puede consumir más permanentemente.

El keynesiano llega y dice: "¡Robinson, estás cometiendo la falacia del ahorro! Debes consumir los 10 cocos diarios y estimular tu demanda agregada. ¡La inversión en la vara es una fuga del flujo circular!"

Absurdo, ¿verdad? Pero esto es exactamente lo que el keynesianismo prescribe a escala agregada.

Reisman insiste: Estimular consumo artificial a expensas del ahorro empobrece a largo plazo. Genera un auge de corto plazo —gente consumiendo mediante crédito barato— seguido de inevitable ajuste doloroso cuando la realidad económica (insuficiencia de capital real) se impone.

IV. ¿Por Qué Esta Crítica No Penetra el Mainstream?

Aquí enfrentamos la pregunta incómoda. Si la crítica de Reisman es tan devastadora —y créeme, sus 1,000+ páginas en Capitalism la desarrollan con rigor implacable— ¿por qué permanece marginal?

Tres razones estructurales:

1. Inconveniencia política

El keynesianismo le dice a los políticos exactamente lo que quieren escuchar: "Gasten más, endeúdense más, esto ayuda a la economía". Reisman les dice: "Su intervencionismo destruye capital y empobrece a largo plazo". ¿Cuál mensaje crees que preferirán amplificar?

2. Complejidad vs. simplicidad aparente

Keynes ofrece recetas simples: "Economía débil → Gastar más → Economía fuerte". Reisman exige comprender estructuras de capital, preferencia temporal, coordinación intertemporal, efectos de orden superior. La primera vende mejor en Twitter y en campañas electorales.

3. Desafío epistémico total

Reisman no ofrece "mejoras" al keynesianismo. Ofrece reemplazo completo del paradigma. Esto requiere que economistas formados en equilibrio general, modelos IS-LM, y funciones de demanda agregada admitan que han invertido décadas estudiando un framework conceptualmente defectuoso.

La resistencia institucional a este tipo de reevaluación fundamental es predecible. Thomas Kuhn explicó esto magistralmente: los paradigmas no se refutan simplemente mediante evidencia contraria. Se abandonan cuando la generación que los sostiene se retira y una nueva generación adopta frameworks alternativos.

V. Implicaciones Prácticas: Por Qué Esto Importa Ahora

"Muy bien", dirás, "debates teóricos fascinantes. ¿Pero qué relevancia práctica tienen en 2024?"

Toda.

Considera las políticas de "estímulo" masivo post-COVID implementadas globalmente: billones en gasto deficitario, expansión monetaria sin precedentes, transferencias directas a hogares. Puro keynesianismo aplicado.

¿Resultado según Reisman? Exactamente lo predicho:

  • Inflación galopante: Porque aumentaste gasto monetario sin aumentar capacidad productiva real
  • Escasez de trabajadores: Porque subsidiaste no-trabajo, distorsionando incentivos laborales
  • Crisis de oferta: Porque el capital real (infraestructura, inventarios, cadenas logísticas) se depreció mientras estimulabas consumo artificial
  • Malinversión masiva: Porque las señales de precio distorsionadas dirigieron inversión hacia sectores insostenibles sin subsidios continuos

La crítica de Reisman no es arqueología intelectual. Es diagnóstico en tiempo real del desastre que estamos viviendo.

Conclusión: La Economía Como Ciencia o Como Política Disfrazada

Termino con una reflexión meta-económica.

La economía puede ser dos cosas: una ciencia genuina que busca comprender relaciones causales en la producción e intercambio de bienes, o una técnica de racionalización para políticas preferidas a priori.

Keynes —brillante escritor, conectado políticamente, carismático— convirtió la economía en lo segundo. Ofreció "teoría" que justificaba exactamente lo que gobiernos querían hacer de todos modos: gastar, controlar, intervenir.

Reisman representa el camino alternativo: economía como ciencia dura de la acción humana propositiva, integrada con epistemología rigurosa y comprometida con causalidad lógica antes que con conveniencia política.

Su marginalidad actual es, paradójicamente, evidencia de su rigor. Como dijo Schopenhauer: "Toda verdad atraviesa tres etapas. Primero, se ridiculiza. Segundo, se opone violentamente. Tercero, se acepta como autoevidente."

El keynesianismo está en su etapa crepuscular —mantenido vivo por inercia institucional y conveniencia política, pero crecientemente incapaz de explicar o resolver las crisis que genera. Las contradicciones se acumulan: inflación más estancamiento, deuda impagable, divisas tambaleantes, populismo económico creciente.

Mientras tanto, Reisman espera pacientemente en los márgenes. Su economía —integrada, causal, comprometida con la realidad sobre la conveniencia— está lista para cuando el edificio keynesiano finalmente colapse bajo el peso de sus contradicciones.

Ese día, quizás más pronto de lo que imaginamos, la pregunta no será "¿Por qué deberíamos escuchar a Reisman?" sino "¿Por qué tardamos tanto en hacerlo?"


Para profundizar:

  • Reisman, George. Capitalism: A Treatise on Economics (1996) - Especialmente caps. 11-14 sobre demanda agregada, ahorro e inversión
  • Mises, Ludwig von. Human Action (1949) - La base praxeológica que Reisman extiende
  • Hazlitt, Henry. The Failure of the "New Economics" (1959) - Crítica línea por línea de la General Theory de Keynes

¿Qué opinas? ¿Es hora de que la profesión económica enfrente honestamente las contradicciones del keynesianismo, o seguiremos con business as usual hasta la próxima crisis? Déjame tus reflexiones en los comentarios.

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